domingo, noviembre 29, 2009

Sólo una mentira



Mi nombre es Nosle.

Han pasado cosas.

El auto iba a toda velocidad y la noche se esfumó en un sonido seco, opacado tal vez por el estruendo de la radio que palpitaba por mi carne haciendo del choque una melódica tragedia. El auto tendrá su propio cementerio en la fecha acordada y aunque aún puedo escribir e ir de aquí para allá, preferiría cada cosa en su lugar.

El baile se hizo absurdo pero no podía dejar de moverme. Excitado tal vez por aquellos labios que ya sabía míos pero aquel día eran prestados, de alguien que accediendo a mi cordial invitación saltó cuatro años para olvidar aquella puerta que tuvo como escudo y aquella noche que le negué mi nombre. Aunque la dejé en su casa con los labios intactos, sólo ella sabe cuantas mentiras escribimos en aquella bulla de las luces, en aquel vaivén de besos que no tuvieron nombre.

Lo borré y lo rompí todo. Me sentí mal por haberle hecho creer algunas cosas y me sentí peor cuando supe que mi plan falló, al final no logré salvarla de mis predicciones y se volvió un punto negro en aquella gran mancha oscura, una más del montón. Hice cosas que ella nunca supo y salvaron una parte importante de la historia, cosas que una niña no entendería si no riman al compás de sus mentiras. Pero siempre fui su amigo y por ello no contesté ninguna de sus ironías.

Ya había pasado una hora y ella no llegaba. Yo seguía con la música clásica tronando mis oídos a decibeles increíbles para un aparato tan pequeño como el mp3 negro que me acompaña a cada jornada en la selvática Lima. Ya sabía que no llegaría pero estando ahí, en medio de la nada, me gustaba mirar parejas pasar y sentirme distinto a ellos, me gustaba ese olor a soledad que muchos saben escribir, que muchos saben sentir, pero que pocos han logrado llevar tantos años como para volverlo un enfermizo estado del ser. Me fui directo al cine y me sentí bien disfrutando de algo sin ser molestado ni mirado por nadie, saliendo entre gente riendo, conversando, de la mano. Saliendo solo.

Hasta entonces había llenado mi mente de falsa sabiduría y comenzando a llorar como niño abrí aquel gran libro. Comencé a leer despacio y fui cayendo en la cuenta de cuán equivocado estaba si creía en esa sola mentira. Y seguí llorando al saber que todo el resto... era real.


4 comentarios:

Paco Alonso dijo...

Excelente el relato que nos acercas en este día, ha sido un placer compartir en tu espacio.

Cálido abrazo.

Stanley Kowalski dijo...

Fuerte, crudo e impactante relato. Me gustó muchísimo!!

Gracias querido amigo por visitarme.

BESOTES Y UNA SEMANA FANTÁSTICA!!

Apple dijo...

"nunca estamos solos, estamos con nosotros mismos!..."

lindo relato... !!!

Yob dijo...

Paco Alonso. Qué bueno que te guste, siempre eres bienvenido, vuelve pronto. Un abrazo.

Adelaida. Mi casa está a puertas abiertas y siempre encantado con cada nueva visita, espero tu regreso y que encuentres cosas buenas para leer por aquí. Saludos.

Stanley. Siempre tan atento, fue un breve ensayo pero si logró plasmar esos matices es más de lo que hubiera esperado. Visitarte es un placer, cada historia es alegría asegurada, eres creador de sonrisas. Un fuerte abrazo.

Apple. El yo, nuestra eterna compañía. Qué bueno que te guste, me gustó escribirlo, hace buen tiempo que no relataba cosas distintas a poemas o versos. Un beso.